Especialmente en las zonas rurales venezolanas, esa costumbre estuvo muy difundida en tiempos de La Colonia, en virtud a que se creía que esa práctica protegía el patrimonio familiar contra pillos y ladrones, además de ser un recurso para ocultar riquezas mal habidas.
Hoy en día existe una motivación adicional, y es que con la inflación, la pérdida del poder adquisitivo y la incertidumbre que el régimen ha sembrado sobre la propiedad privada y el sistema financiero en general, casi que es mejor tener el dinero enterrado que ponerlo en un banco, so pena de convertirse en "secuestrable", o que el banco sea "dignificado" entregándolo al "pueblo mejmo" en un ejercicio de "soberanía financiera".
Veremos entonces más de estos "misterios" en nuestro propio patio. Ya verán...!




