Manifiesto de las Ovejas Negras

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Manifiesto de las Ovejas Negras

Notapor Panchita Mandefua el Sab Ene 03, 2009 9:30 am

Ya había colocado esto en el post de Sabara, pero me pareció adecuado publicarlo aquí por lo pertinente al momento histórico que vivimos en Venezuela.

Escrito por Bruno Kampel, escritor nacido en Brasil pero criado en Argentina. Espero disfruten de este escrito tanto como yo.


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Pesando y midiendo actos, situaciones y hechos de la vida, y comparando algunos proyectos con sus resultados, es fácil concluir que generalmente los desafinados somos nosotros y no la vida o los proyectos o sus resultados; apenas nosotros, los pocos que obstinadamente insistimos en pedirle peras al manzano; los raros que no renunciamos a buscar hormigueros en el asfalto; los extravagantes que preferimos ser sordos en un discurso y mudos en un concierto, porque lo que realmente nos ocupa y preocupa son las pequeñas preguntas que desafían, y no las grandilocuentes respuestas que satisfacen.
Somos lo que habitualmente se define como verdaderas y abominables ovejas negras, y no tenemos vergüenza de confesar sin rubor que tal "acusación" nos honra mucho, ya que por temperamento y vocación preferimos cultivar ideas en el jardín del fondo de nuestra vida, a tener que envidiar los rosales que nos miran desde el jardín de nuestro vecino; optamos siempre por plantar un árbol en la esquina de nuestra propia verdad, antes que caer en la tentación de podar los que dan sombra al camino por el cual transita la verdad de nuestros adversarios; siempre elegimos cuidar el pasto que crece entre las estrofas de nuestro ideario o en las entrelíneas de nuestros fracasos, a tener que cortarlo para satisfacer el gusto ajeno; y principalmente, elegimos lavar y planchar nuestras viejas y maltrechas utopías - ésas que aún respiran y nos miran de reojo desde el fondo del cajón de las buenas intenciones - a tener que bajar los brazos y aceptar las órdenes perentorias y casi siempre sin sentido de esa déspota llamada Realidad; y vaya uno a saber qué más, aunque lo único fundamental e inaplazable es que todos tratemos de ser más felices de lo que merecemos y mucho menos infelices de lo que merezcamos, y nada más, ni nada menos.


Es imperativo desear que el tiempo nos enseñe a sintonizar con mayor precisión la frecuencia en que se transmiten los intereses del prójimo, y quien sabe, como premio, ese mismo tiempo haga que el prójimo sea un poco más tolerante cada vez que se enfrente a una idea que propongamos, a un pensamiento antagónico que manifestemos, o a una ideología diferente que defendamos, ya que por más que le demos vueltas, lo que todos estamos buscando son puentes y no precipicios; son temas que obliguen a pensar, y no distracciones que inviten a olvidar; son batallas dialécticas que forjen nuestro carácter, y no simples victorias que lo deformen.


En razón de lo expuesto, proponemos:

1.- Que se suspenda el derecho del gris plomo a participar del arco iris.

2.- Que se degrade al Odio a la categoría de Antagonismo, perdiendo los beneficios que el grado anterior le concedía, como matar sin pedir permiso o pintar de sangre a las palabras y vestir de luto a los discursos.

3.- Que los dedos no más sean usados para apretar gatillos, ni las manos para clavar puñales, ni los ojos para matar mirando, ni la boca para escupir condenas, ni el verbo para sembrar desgracia, ni el dinero para comprar silencio.

4.- Que se prohiba morir por la Patria y se invite en todos los canales a vivir por ella.

5.- Que el discurso de las horas, de los días y semanas, de los meses y los años, produzca instantes repletos de gozo, minutos llenos de alegría, horas cargadas de placer, días plenos de sol, semanas húmedas de ternura, meses rellenos de mañanas, años teñidos de esperanza.

6.- Que se suspenda definitivamente el patrocinio comercial de todas las guerras por más o menos santas que sean, y que se de los fabricantes de la ignominia.

7.- Que se permita el regreso de la inocencia perdida, del injusto destierro al que ha sido condenada, y se la invite a ocupar el lugar de honor que le corresponde.

8.- Que nunca más florezcan muertos anónimos en los jardines de los cementerios clandestinos, y que jamás la desvergüenza vuelva a plantar desaparecidos en la conciencia de los pueblos.

9.- Que las bombas inteligentes se jubilen y se cubran de telarañas en los sótanos de los museos, y que los líderes nada inteligentes se marchiten y sus nombres se borren para siempre de las páginas de la Historia que ayudaron a manchar.

10.-Que la paz rompa las cadenas y que los puños cerrados se abran en manos extendidas hacia el otro, y que la verdad sea la dueña y señora de la última palabra.
A woman's heart should be so lost in God that a man needs to seek Him in order to find her
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Re: Manifiesto de las Ovejas Negras

Notapor Panchita Mandefua el Sab Ene 03, 2009 5:29 pm

Terríblemente pertinente...

Mi patria es el cordón de la vereda

No tengo una patria en el sentido a mi entender excluyente y malsano que no pocos le atribuyen.

Hace ya mucho tiempo que como patrón soberano de mí mismo elegi habitar la patria que se escribe con minúscula, y que es nada más y nada menos que la geografía de mis amores; el territorio de mis amigos; el idioma de mis sueños; el respeto ao otro en general y a mis mayores y a mi descendencia en particular; el ámbito de mis raíces - ésas que me atan a determinadas esquinas, a significativos árboles, a recordados gorriones, a inolvidables instantes - porque a la otra "PATRIA" de carne y hueso la considero una invitación irrechazable a las guerras y a la confrontación entre hermanos.

Soy con mucho orgullo e igual honor un ciudadano de mis recuerdos; un nacional de las calles que acogieron sin quejarse los desafinados silbidos que cometí con nocturnidad y alevosía para entretener a mis miedos mientras caminaba sobre las horas y los días en dirección al mañana; un latifundiario de la puesta del sol contemplada desde los techos de mi adolecencia; un elector consuetudinario del PMJM (Partido de las Mariposas, Jazmines y Magnolias).

Y a esa patria chica, hecha de silencios y deseos, de temblores y sonrisas, la bordé punto por punto con amor de artesano, sin que sus cimientos luzcan banderas sucias de sangre; sin que en ella se veneren epopeyas cargadas de traiciones; sin fronteras que tiendan un abismo intransponible entre ellos y nosotros; entre amigos y enemigos; entre vivos y muertos; entre justos y pecadores.

En mi patria - esa patria sin nombre ni apellido, sin Galtieri ni Videla, sin Mussolini ni Franco, sin Hitler ni Torquemada, sin Fujimori ni Bin Laden, sin Bush ni Stalin, sin ladrones ni villanos, sin dueños de la verdad, sin esclavos y sin amos - la amistad no requiere pasaporte y el amor al entorno no se mide ni se pesa, ni mucho menos los valores morales se defienden desde los ignominiosos sótanos de la ESMA, o desde los oscuros cuarteles franquistas de la Benemérita, o desde los calabozos de la Gestapo, o desde las jaulas de Guantánamo, o desde la saña asesina de ETA; ni sus hijos son enterrados en cementerios clandestinos, ni sus héroes son Perón o Menem, Franco o Primo de Rivera, Hitler o Goebbels, McCarthy o Murdoch, Aznar o Berlusconi.

Sí, no es mía la "PATRIA" de los grandiosos himnos y de sus bien dibujados símbolos, porque en sus nombres han muerto más inocentes que todas las víctimas de todas las pestes, de todos los terremotos, maremotos y diluvios.

Lo tengo muy claro: La patria con mayúscula es la patria que mata a sus hijos, que roba sus vidas. La patria con minúscula es el amor a nuestro entorno, el abrazo sincero a nuestro amigo.

La patria que está por sobre todas las cosas es la morgue de la libertad, la muerte en vida de todos los principios y valores por los cuales vale la pena vivir.

La patria que es el suelo que pisamos, que es el el árbol que miramos, que es la semilla que plantamos, es la cuna de la esperanza.

La patria por la cual se mata y se muere no es una patria sino una gran desgracia, una horrible mentira, una enorme vergüenza.

La patria por la cual se vive y se construye es la patria de gente como la gente; de gente que ante todo es gente y no soldado; de gente que ante todo es gente y no gendarme; de gente que ante todo es gente y no verdugo.

La patria que solamente se alimenta de himnos y de héroes es una patria sin honor ni valor, y una patria sin honor ni valor es una patria huérfana, es una patria sin patria.

La patria de los niños y de los ancianos es la patria de la patria. La otra, la que se hinca ante la bandera y los escudos y admite a los torturadores y a los nacionalismos enfermos terminales de patriotismo infeccioso, es un gran basural repleto de porquería que huele a lo que realmente es, ni más ni menos.

El fanatismo patriótico

genera monstruos

genéticamente humanos

políticamente insensibles

genéricamente desalmados

y absolutamente inelegibles

para gobernar

los estados de desamor

en que por su culpa

se debate la sociedad agonizante.


Si es la Salida la única salida,

segunda puerta izquierda

pero recordar

al terminar de rezar

de apretar el gatillo

y tirar la cadena.
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