Saludos , quie esto escribe es una respetable dama Carabobeña, Profesora Universitaria , exclente profesional del Derecho, me llamó la atención algunas expresiones y por ello lo coloco para su lectura y opiniones si a bien las tienen , caso contrario no importa ya que se que esto no va con ninguno de Uds.
La tercera edad
Iraida Fermín de Izaguirre
Cuando comenzó a utilizarse esta expresión de la “tercera edad”, como sucede con todas las nuevas que van surgiendo, se fueron dando diversas interpretaciones: unos, consideraban que se trataba de personas en plenitud de facultades que ya habían transpuesto la barrera de los 50 años, pero que física y mentalmente estaban en buenas condiciones; otros, ya iban más lejos y pensaban que eran personas que como dice el tango, ya los años habían plateado sus sienes y andaban un poco despistados confundiendo las cosas; pero otros ya tenían un concepto bastante deprimente de la tal tercera edad y la expresión les traía a la imaginación viejecitos con andaderas, enfermos, prácticamente incapacitados.
Así comenzaron a surgir instituciones para esa gama heterogénea de personas, llegando hasta la creación de una universidad para la tercera edad. ¿Quiénes debían o podían acudir a ella? ¿Cuál era el parámetro para calcular el ingreso de la persona a la mencionada tercera edad: la verdadera y real edad cronológica, las condiciones físicas o mentales? O cual otro elemento conocido o misterioso que diese la pauta para que la gente se considerara emocionada o entristecida dentro de su categoría. Aún no se sabe. De lo que creo que casi todos tenemos seguridad es que la fulana denominación ha introducido un elemento más de clasificación en la especie humana y que los jóvenes, o una gran mayoría de ellos, la ven y la mencionan con picardía como si no fuesen a pasar también por esa etapa.
Yo por mi parte voy a darles una opinión que me he ido formando a través de los años y la experiencia sobre estas cosas. La edad, como dice el Dr. Wayne Dyer en su interesante obra “La fuerza de creer”, tiene un valor relativo en la vida de las personas y cada etapa tiene también sus aspectos negativos y positivos; ver a otro(a) diez años mayor que uno e inmediatamente catalogarlo de viejo, y con tono despectivo, es un craso error de apreciación y de conocimiento. La ofensa más grande que se le puede ocurrir a alguien con una mujer, es decirle: “¿Qué pensará la vieja ésa?”, cuando resulta que “la vieja ésa” es aún una persona llena de vitalidad, físicamente más agraciada que el otro, con una mente ágil y despierta, tal vez con muchos más méritos que el calificador.
El tiempo, no cabe la menor duda, va dejando su huella en todo, igual en los seres humanos, pero muchas, muchísimas veces no es el factor determinante de la vejez; tal vez los abusos y los desusos marquen más cruelmente el paso de los años en los seres humanos. La mente y el pensamiento son determinantes; quien se siente joven generalmente lo es, está actualizado, se cuida, cultiva gustos jóvenes, sin que para eso tenga que disfrazarse con una camisa abierta hasta la cintura y un enorme medallón colgando. O si es hombre, dejándose crecer hasta los hombros el poco cabello que le queda.
Hay mucha gente joven con una mentalidad de viejo que se la nota todo el mundo: su manera de caminar, su forma de hablar, su empeño en no usar lentes y andar tropezando con todo, interrumpir cualquier conversación porque no oyen bien, vivir fuera de la realidad por desinformación, no conocer las nuevas tendencias en el mundo. Algunos de estos factores pudieran no estar determinados por la edad, y mucho joven anda dentro de ese esquema sin darse cuenta y tildando a los demás de viejos. En cambio, hay gente que uno denomina intemporal porque pasan los años y no es que luzcan como quinceañeras, pero sí con los reflejos más alertas que muchos con la mitad de su edad. Yo creo que la actividad física y mental es casi la responsable de esto último, si caminamos o trotamos, o hacemos gimnasia, si pensamos y profundizamos en las ideas, si escribimos y estudiamos, nos mantenemos al día con la información, disfrutamos de una tarde en un café, de una noche en un restaurante, oímos música, bailamos, conservamos nuestro peso, cultivamos nuestro ego; poco importa que portemos lentes, hay mucho joven miope y uno no lleva en la frente un carteloncito que diga “presbicia”.
El sector económico y el industrial son muy responsables de la discriminación de las personas por la edad; los seguros igualmente, la tercera edad también con su carguita abusadora. A mí en una ocasión un médico que debía rendir un informe sobre la salud de mi mamá cuando tenía 70 años, a objeto de contratarle una póliza de seguros, comenzó por interrogarme en estos términos: “¿Cómo tiene ella la tensión... y el hígado... y el corazón?”... Y yo le contesté: “Creo, doctor, que tiene todo eso como usted y yo vamos a tenerlo cuando lleguemos a los 70 años”... El doctor se rió y procedió a examinarla.
Por eso, amigos, bien lejos ese nombrecito de la tercera edad. Si estudiamos lo hacemos en una universidad que no tenga ese mote, porque si disfrutamos la vida corta o larga que nos toque en suerte vivir, si nos acicalamos, trabajamos, bailamos y nos mantenemos al día en el acontecer del mundo, podrán los jóvenes llamarnos como les plazca; pero no dejarán en el fondo de pensar muchos de ellos que cuando tengan nuestra edad no los van a aceptar en la Universidad de la Tercera Edad, sino que tendrán que ir a la de la cuarta, que al efecto ya estará creada y en funcionamiento con sus correspondientes huelgas.

