Expropiar, ¿para qué?
Ojalá que el parque que se erija en los campos de golf no termine como Los Caracas
El contraste es elocuente. El abandono en el que se encuentra la ciudad vacacional de Los Caracas y la reciente noticia de expropiación del club de golf de Caraballeda, con el agregado de que ese espacio, hoy privado, se convertirá en un parque de índole público.
Hay múltiples lecturas sobre el tema. La expropiación se ha convertido en un virus que ataca, sin distinguir, a todo aquel que crea en la propiedad privada. Es la ratificación de que ese sistema se extingue, y quien se resista es el primero en conocer el alcance de los nuevos matices de la propiedad, esos que establecen -y a la realidad cotidiana nos remitimos- que por ser de todos, no es de nadie.
El golf, por ese mito que lo ubica entre los deportes elitistas, se encuentra en desgracia en la actualidad.
Los campos del Country Club, en Caracas, se llevaron su susto en la administración anterior de la Alcaldía Metropolitana, y por culpa de los terratenientes -y posiblemente golfistas- de Petare, se perdió, no sólo un municipio, sino un estado, y además por retruque, la Alcaldía Mayor.
Está claro que donde hay campos de golf, hay peligro.
Es necesario expropiar esos espacios, son un perjuicio para el desarrollo de las regiones y sus habitantes; al menos, ese debe ser el pensamiento de aquellos que no conocen la historia de decenas de personas que consiguieron en ese deporte, una excusa para ascender en la vida, para ganarse el pan, paradójicamente, dando palazos.
Hay otra lectura de la medida; una cruel. Es la que establece que se cierran los espacios para el deporte. El golf es una disciplina deportiva; no masificada, pero igual con seguidores en el país; tanto que se vislumbra una promesa en Jonathan Vegas . En ese caso, expropiar es reducir posibilidades, opciones.
Para la gente del deporte, esta medida es mucho más que una práctica común en los últimos años. Es, un golpe más, que se suma al debilitamiento progresivo del hipismo y a las amenazas veladas a la práctica profesional.
Quienes ven esta orden política -que puede repetirse en otros escenarios- como algo aislado, hacen bogey. Hay mil maneras de satisfacer las necesidades de la población. Podrían probar con hacer algo, desde cero, para incentivar el desarrollo, donde se valore el trabajo y el esfuerzo. Con ello, sin ninguna duda, el líder que lo ejecute, hará hoyo en uno.
ayanez@eluniversal.com
http://www.eluniversal.com/2009/07/29/d ... 7162.shtml
