Evangelio del día

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Re: Evangelio del día

Notapor Magaga el Vie Dic 30, 2011 9:10 am

María y José presentan a Jesús en el templo
Lucas 2, 22-40. Navidad. Fiesta de la Sagrada Familia Ciclo B. Que en estas fiestas Navideñas nos ayuden a ser un poco más semejantes a aquella Familia de Nazaret.
Autor: P. Sergio Cordova LC | Fuente: Catholic.net

30.12.11
Lucas 2, 22-40


Cuando se cumplieron los días de la purificación de María, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor.
Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel. Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones. Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.

Oración introductoria

Cristo Jesús, eres la luz de toda mi existencia. Haz que tu Evangelio guíe mis decisiones, mis proyectos, mis propósitos para el próximo año. Dame la gracia de adherirme fielmente a tu voluntad en esta meditación que estoy a punto de comenzar.

Petición

Señor, hazme crecer en el amor para que mi familia sea tu Iglesia doméstica.

Meditación del Papa

Como dijo el beato Juan Pablo II: "Una auténtica familia, fundada en el matrimonio, es en sí misma una "buena nueva para el mundo". Y añadió: "En nuestro tiempo son cada vez más las familias que colaboran activamente en la evangelización... En la Iglesia ha llegado la hora de la familia, que es también la hora de la familia misionera" [...] Queridas familias, ¡sed valientes! No cedáis a esa mentalidad secularizada que propone la convivencia como preparatoria, o incluso sustitutiva del matrimonio. Enseñad con vuestro testimonio de vida que es posible amar, como Cristo, sin reservas; que no hay que tener miedo a comprometerse con otra persona. Queridas familias, alegraos por la paternidad y la maternidad. La apertura a la vida es signo de apertura al futuro, de confianza en el porvenir, del mismo modo que el respeto de la moral natural libera a la persona en vez de desolarla. El bien de la familia es también el bien de la Iglesia. Quisiera reiterar lo que ya he dicho otra vez: "La edificación de cada familia cristiana se sitúa en el contexto de la familia más amplia, que es la Iglesia, la cual la sostiene y la lleva consigo... Y, de forma recíproca, la Iglesia es edificada por las familias, "pequeñas Iglesias domésticas"". Roguemos al Señor para que las familias sean cada vez más pequeñas Iglesias y las comunidades eclesiales sean cada vez más familia. (Benedicto XVI, 5 de junio de 2011).

Reflexión

Es sumamente hermoso y consolador saber que tenemos a esta maravillosa familia -a Jesús, María y José- como protectora de nuestras propias familias. Pero no sólo. Ellos son también el prototipo y el modelo más perfecto de familia que hemos de imitar en nuestra vida. ¡Cuánta delicadeza, ternura y comprensión reinaría entre esas almas tan singulares! ¡Qué trato tan dulce, cariñoso y respetuoso dispensaría José a María, y Ella a su esposo! Y, ¿cómo sería el amor y la obediencia que animara a Jesús hacia sus padres y de todos entre sí! Sin duda alguna, pasar un rato junto a ellos sería como gozar del cielo en la tierra.

Pero, desafortunadamente, no todas las familias respiran este mismo aire que reinaba en la casita de Nazaret. Ni muchos niños o personas mayores han corrido siquiera la misma suerte que la mayoría de nosotros. Por desgracia, el mundo en el que nos toca vivir padece una grave crisis familiar y, tristísimamente, se va haciendo cada vez más común en las sociedades ricas y bien acomodadas de hoy en día. ¡Cuántos hogares rotos! ¡Cuántas familias destruidas! ¡Cuántos niños que no conocen lo que es el amor y la ternura de unos padres buenos, la paz y la felicidad de una familia unida! ¡Cuántos bebés que ni siquiera han conocido el calor y los brazos de una madre porque han sido abandonados al nacer -o peor todavía- asesinados y abortados en el seno de su propia madre!

Basta echar una mirada a nuestro alrededor, sobre todo en las grandes ciudades, para contemplar esta dramática situación. Y no me refiero sólo a Europa y a Norteamérica. Desafortunadamente, también en nuestro México y en América Latina comienza a infiltrarse este cáncer mortal. No nos hace daño pensar, en un día como hoy, en todos estos hermanos nuestros que sufren estas carencias o las provocan en los demás. Y, al recordarlos, elevemos una ferviente oración a nuestro Padre Dios por cada uno de ellos.

Se podría tal vez decir que hoy no es un día para pensar en cosas tristes. Y es cierto. Sería más hermoso meditar en la belleza de la Sagrada Familia o evocar hermosos recuerdos de la nuestra. Sí. Pero, por desgracia, lo que estoy diciendo no son inventos o cuentos chinos, sino hechos que suceden a diario. En este caso, evitar esos temas “molestos” sería como taparnos los ojos para no ver la realidad y para evitar sentir en nuestra conciencia el aguijón del pecado y de tantas injusticias que se cometen hoy en el mundo. Sería un pecado gravísimo de omisión, de egoísmo y de comodidad no pensar en los demás o no tratar de hacer algo por ellos.

Por este motivo, Juan Pablo II, un Papa tan humano y tan cercano al dolor, a las alegrías y a la realidad palpitante de cada hombre que encontró en su camino, denunció con tanta claridad y energía el hedonismo y la injusticia de tantas sociedades nuestras, llamando la atención sobre aquello que definió -con toda razón- “la cultura de la muerte” que se va infiltrando en la mentalidad de nuestro mundo. En su encíclica “Evangelium Vitae”, el Papa habla de una auténtica “conjura contra la vida humana” en muchos sectores de la sociedad. Cristo mismo es la Vida y vino a traernos la vida en abundancia.

El Evangelio de la vida es el corazón del mensaje de Jesús. Y la familia es el “santuario de la vida”. Todas estas son palabras textuales de Juan Pablo II, que nos invita a valorar esta esencial dimensión del cristianismo.

Recordemos, en este sentido, aquel elocuente testimonio de la Madre Teresa de Calcuta. Ella gritaba al mundo entero: “Si oyen que alguna mujer no quiere tener a su hijo y desea abortar, intenten convencerla para que me traiga ese niño. Yo lo amaré, viendo en él el signo del amor de Dios”.

Tal vez podamos preguntarnos qué podemos hacer nosotros, desde nuestra casa, para ayudar a solucionar este grave problema. Nos parecerá que somos impotentes y que nada podemos aportar. Sin embargo, no es así. Te voy a sugerir algo brevemente.

Estamos todavía celebrando estas hermosas fiestas de la Navidad. Acaba de nacer el Niño Dios en Belén y en nuestros corazones. Pues no olvidemos que Jesús, al encarnarse y al hacerse uno de nosotros, se identifica con cada niño y con cada ser humano. Por eso nos dijo que todo lo que hagamos a los demás, lo considera como hecho a Sí mismo; que el que recibe a un niño en su Nombre, lo recibe a Él; y que los ángeles contemplan en cada niño el rostro mismo de Dios.

Por eso, no podemos no pensar, amar y ayudar a los demás. Comencemos por las cosas pequeñas, por hacer aquello que sí está al alcance de nuestra mano realizar. Comencemos por amar y ayudar al niño de la calle que nos pide limosna; enseñemos a nuestros hijos a compartir con los pobres lo que Dios sí nos ha dado a nosotros. ¿Por qué no invitar a un niño pobre o a una de estas familias a cenar un día a nuestra casa? ¿Te parece excesivo? Sugiramos a nuestros niños que le regalen uno de sus juguetes a alguno de esos pobrecitos, o que lo inviten a jugar con ellos, como hacen tantas familias buenas en las Misiones de Semana Santa.

¿No sería hermoso, por ejemplo, que se organizaran varias de nuestras familias para ofrecer una cena de Navidad o de Año nuevo a otras familias pobres? En lugar de gastar mil pesos más en bagatelas y caprichos nuestros, ¡démosles un regalo a los pobres! Sí, a ésos que conocemos, a los que vemos todos los días en la calle, tal vez mendigando de nuestro barrio... Si esto hacemos, podremos de verdad llamarnos cristianos y comenzaremos a vivir, con nuestras obras, el auténtico mensaje de la Navidad.

Entonces tal vez podamos ser un poco más semejantes a aquella Familia de Nazaret. ¡Ojalá que estas palabras no caigan en saco roto en tu corazón!

Propósito

Iniciar una actividad familiar que asemeje a mi familia a la Sagrada Familia.

Diálogo con Cristo

Señor Jesús, ¡cuántas lecciones sobre el amor me das en tu Sagrada Familia! En ella compartiste una vida cotidiana sin aparente importancia, vida de trabajo manual, sometida a la ley de Dios. Ayúdame a santificarme con tu gracia para que sepa construir el amor en mi propia familia.
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Magaga
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Re: Evangelio del día

Notapor Magaga el Sab Dic 31, 2011 4:27 am

Y la Palabra se hizo carne
Juan 1, 1-18. Navidad. Dios no sólo es el creador del universo, sino que es Padre, que nos eligió antes de crear el mundo.
Autor: Aníbal de Jesús Espino, L.C. | Fuente: Catholic.net




31.12.11
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18


En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.» Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.

Oración introductoria

Jesús mío, cada vez que contemplo tu infinita bondad y misericordia en el misterio de tu encarnación, no puedo más que agradecerte semejante regalo, el más grande que de nadie he recibido. Hazme siempre valorar tu amor por mí y por cada uno de los hombres mis hermanos.

Petición

Señor Jesucristo, que quisiste hacerte carne para mostrarnos los secretos de tu humildad y tu pobreza, concédeme la fuerzas para seguir tu ejemplo en mi vida cotidiana.

Meditación del Papa

Este texto afirma que Dios no sólo es el creador del universo -aspecto común también a otras religiones- sino que es Padre, que "nos eligió antes de crear el mundo (...) predestinándonos a ser sus hijos adoptivos" (Ef 1, 4-5) y que por esto llegó hasta el punto inconcebible de hacerse hombre: "El Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros" (Jn 1, 14). El misterio de la Encarnación de la Palabra de Dios fue preparado en el Antiguo Testamento, especialmente donde la Sabiduría divina se identifica con la Ley de Moisés. En efecto, la misma Sabiduría afirma: "El creador del universo me hizo plantar mi tienda, y me dijo: "Pon tu tienda en Jacob, entra en la heredad de Israel"" (Si 24, 8). En Jesucristo, la Ley de Dios se ha hecho testimonio vivo, escrita en el corazón de un hombre en el que, por la acción del Espíritu Santo, reside corporalmente toda la plenitud de la divinidad (cf. Col 2, 9).
Queridos amigos, esta es la verdadera razón de la esperanza de la humanidad: la historia tiene un sentido, porque en ella "habita" la Sabiduría de Dios. Sin embargo, el designio divino no se cumple automáticamente, porque es un proyecto de amor, y el amor genera libertad y pide libertad. Ciertamente, el reino de Dios viene, más aún, ya está presente en la historia y, gracias a la venida de Cristo, ya ha vencido a la fuerza negativa del maligno
Cada vez que el Señor quiere dar un paso adelante, junto con nosotros, hacia la "tierra prometida", llama primero a nuestro corazón; espera, por decirlo así, nuestro "sí", tanto en las pequeñas decisiones como en las grandes. (Benedicto XVI, Ángelus, domingo 3 de enero de 2010)

Reflexión

La encarnación del Verbo, no es sino el evento más grande sucedido en la historia. Es el acto de humildad y pobreza por excelencia; porque Él, siendo Dios, se anonadó haciéndose uno como nosotros, y Él, que era rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. Jesús nos ha mostrado la verdad sobre el amor: la caridad del que está dispuesto a olvidarse de sí mismo y buscar el bien del otro, de otro que -como nosotros- está necesitado de cosas materiales sí, pero más de amor. La caridad nunca será inactiva.

Propósito

El día de hoy buscaré hacer un acto de caridad oculto hacia una persona necesitada.

Diálogo con Cristo

Jesús, quiero ser como Tú, quiero vivir la caridad como Tú lo hiciste. Tu entrega hacia nosotros, hacia mí, me llena de ánimo y me da fuerzas para darme sin reservas a mis hermanos. Darles mi amor y enriquecerlos con mi amor. Enséñame a amar la santa caridad que prefiere hacerse pobre olvidándose de sí para colmar de amor a los demás.


"La contemplación del Verbo de Dios hecho hombre no nos descubre su gloria, sino que nos revela más bien su humildad y pobreza". (Pablo VI, Audiencia general, miércoles 11 de enero de 1978)
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Magaga
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Re: Evangelio del día

Notapor Magaga el Sab Dic 31, 2011 4:46 pm

Y la Palabra se hizo carne
Juan 1, 1-18. Navidad. Dios no sólo es el creador del universo, sino que es Padre, que nos eligió antes de crear el mundo.
Autor: Aníbal de Jesús Espino, L.C. | Fuente: Catholic.net




31.12.11
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18


En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.» Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.

Oración introductoria

Jesús mío, cada vez que contemplo tu infinita bondad y misericordia en el misterio de tu encarnación, no puedo más que agradecerte semejante regalo, el más grande que de nadie he recibido. Hazme siempre valorar tu amor por mí y por cada uno de los hombres mis hermanos.

Petición

Señor Jesucristo, que quisiste hacerte carne para mostrarnos los secretos de tu humildad y tu pobreza, concédeme la fuerzas para seguir tu ejemplo en mi vida cotidiana.

Meditación del Papa

Este texto afirma que Dios no sólo es el creador del universo -aspecto común también a otras religiones- sino que es Padre, que "nos eligió antes de crear el mundo (...) predestinándonos a ser sus hijos adoptivos" (Ef 1, 4-5) y que por esto llegó hasta el punto inconcebible de hacerse hombre: "El Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros" (Jn 1, 14). El misterio de la Encarnación de la Palabra de Dios fue preparado en el Antiguo Testamento, especialmente donde la Sabiduría divina se identifica con la Ley de Moisés. En efecto, la misma Sabiduría afirma: "El creador del universo me hizo plantar mi tienda, y me dijo: "Pon tu tienda en Jacob, entra en la heredad de Israel"" (Si 24, 8). En Jesucristo, la Ley de Dios se ha hecho testimonio vivo, escrita en el corazón de un hombre en el que, por la acción del Espíritu Santo, reside corporalmente toda la plenitud de la divinidad (cf. Col 2, 9).
Queridos amigos, esta es la verdadera razón de la esperanza de la humanidad: la historia tiene un sentido, porque en ella "habita" la Sabiduría de Dios. Sin embargo, el designio divino no se cumple automáticamente, porque es un proyecto de amor, y el amor genera libertad y pide libertad. Ciertamente, el reino de Dios viene, más aún, ya está presente en la historia y, gracias a la venida de Cristo, ya ha vencido a la fuerza negativa del maligno
Cada vez que el Señor quiere dar un paso adelante, junto con nosotros, hacia la "tierra prometida", llama primero a nuestro corazón; espera, por decirlo así, nuestro "sí", tanto en las pequeñas decisiones como en las grandes. (Benedicto XVI, Ángelus, domingo 3 de enero de 2010)

Reflexión

La encarnación del Verbo, no es sino el evento más grande sucedido en la historia. Es el acto de humildad y pobreza por excelencia; porque Él, siendo Dios, se anonadó haciéndose uno como nosotros, y Él, que era rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. Jesús nos ha mostrado la verdad sobre el amor: la caridad del que está dispuesto a olvidarse de sí mismo y buscar el bien del otro, de otro que -como nosotros- está necesitado de cosas materiales sí, pero más de amor. La caridad nunca será inactiva.

Propósito

El día de hoy buscaré hacer un acto de caridad oculto hacia una persona necesitada.

Diálogo con Cristo

Jesús, quiero ser como Tú, quiero vivir la caridad como Tú lo hiciste. Tu entrega hacia nosotros, hacia mí, me llena de ánimo y me da fuerzas para darme sin reservas a mis hermanos. Darles mi amor y enriquecerlos con mi amor. Enséñame a amar la santa caridad que prefiere hacerse pobre olvidándose de sí para colmar de amor a los demás.


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