
Cada vez hay más incidentes relacionados con los desechos que el hombre abandona en órbitas cercanas. El temor a una letal cadena de colisiones preocupa a los científicos
"Se sabe que llevamos unos 40 ó 50 años poniendo cosas en el espacio, hemos tenido un montón de desechos que han caído, a veces cientos de objetos por año o más", explica el Doctor William Ailor, director del Centro de Estudios de Orbitas y Reentradas de basura espacial de la agencia Aerospace.
Esta realidad explica, en parte, que los incidentes son cada vez más habituales, tanto en la superficie terrestre como para los astronautas que navegan por fuera de la atmósfera. Entre ellos, los de la Estación Espacial Internacional (EEI), quienes no hace mucho tiempo tuvieron que abandonar la nave principal para refugiarse en una de las sondas Soyuz ante la cercanía de un peligroso desecho.
Si bien se supone que la EEI está blindada ante amenazas de este tipo, su radar dejó asentado que el paso de la basura estuvo apenas a 250 metros, una distancia insignificante en la inmensidad universal. El tema pasa por que la capa de basura que orbita la tierra es cada vez más tupida y no se desplaza por fuera de su órbita.
Restos de cohetes o explosiones, satélites viejos, polvo y pequeñas partículas de pintura forman esta franja. Allí, en el mismo espacio universal donde se mueven los satélites útiles, las velocidades de desplazamiento son enormes, incomparables con las de la superficie terrestre.
Eso convierte a estos desechos en elementos potencialmente muy dañinos para naves o satélites en uso. La amenaza se ve agravada por el llamado Síndrome de Kessler (llamado así por el científico de la NASA Donald Kessler), que prevé que una colisión podría multiplicarse indefinidamente.
Al desintegrarse un elemento, generaría innumerables desechos. A su vez, estos repetirían el fenómeno, ya en cantidad indeterminada, pero siempre mayor. Así se desataría una cadena que podría terminar con todos los elementos en la órbita baja terrestre y tener consecuencias aún más imprevisibles para el planeta.
Para evitar esto, se prevé dos posibles destinos para los satélites que salen de uso. Una es la "órbita cementerio", más elevada que la que utilizan los activos, y otra es la defunción con caída programada hacia la Tierra, para lo cual hay que prever que el satélite mantenga suficiente energía como para ser impulsado hacia un destino seguro en la superficie.

